Editorial
El Partido Alianza Verde llegó a Cartagena envuelto en un discurso de renovación, participación ciudadana y cambio político. Sin embargo, el balance actual deja más preguntas que respuestas. La promesa de innovación terminó diluyéndose en una actuación gris y sin mayor impacto.
Su representación ha sido mínima, casi invisible en los escenarios donde se toman decisiones clave para la ciudad. Las propuestas, escasas y poco estructuradas, no lograron conectar con las necesidades reales de los cartageneros ni marcar una agenda clara.
Más preocupante aún ha sido la ausencia de una oposición firme. En un contexto donde el control político es indispensable, el Partido Verde optó por «el silencio», dejando pasar debates cruciales sin asumir un rol activo ni crítico frente a la administración.
Cartagena necesita partidos con carácter, ideas y compromiso. Por ahora, el Partido Verde no logró consolidarse como la alternativa que prometía y quedó, lamentablemente, sin ton ni son.



