A sus 70 años, Carmen Consuelo García no ha dejado de bailar ni un solo minuto. Envuelta en vestido multicolor y con la alegría intacta de su niñez en los patios calientes de San Pelayo, ella no baila, levita. La música del FestiBandas 2025 retumba en el parque Lácides Segovia, de Manga, pero es ella quien se roba todas las miradas.
—Esta música me devuelve el alma al cuerpo —dice con voz firme y ojos brillantes—. Porque nací en Córdoba y la llevo en la sangre. Por eso no me canso de bailar.
Y nadie duda de eso. Cada redoble de tambora parece encenderle los huesos. Cada clarinete, una chispa de juventud en su andar. No importa el calor ni las horas: Carmen baila como si la vida le siguiera el ritmo. A la mitad de la noche, entre aplausos y fotos, ella sonríe, se sacude el sudor y dice:
—Que viva el porro. Mientras suene, yo no me voy a morir.



