Por Jacqueline Perea
Un tema que me toca las fibras como mujer.
La pobreza menstrual es una forma de desigualdad silenciosa que afecta a millones de niñas, adolescentes y mujeres que no tienen acceso a productos de higiene menstrual, información adecuada ni condiciones dignas para gestionar su periodo. No es solo un problema de salud, sino también un asunto de dignidad, equidad de género, educación y justicia social.
Las consecuencias son profundas: niñas que faltan al colegio, mujeres que usan materiales insalubres y que enfrentan estigmas, vergüenza o exclusión social. La menstruación no debería ser un obstáculo para el desarrollo personal ni una fuente de discriminación.
Siempre hemos propuesto en todos los escenarios algunas acciones y estrategias para combatir la pobreza menstrual.
1. Distribución gratuita de productos menstruales
• Implementar políticas públicas que garanticen el acceso gratuito a toallas higiénicas, tampones o copas menstruales en:
• Escuelas
• Centros comunitarios
• Centros de salud
• Cárceles y refugios
2. Educación menstrual integral
• Incluir educación sobre menstruación, salud reproductiva y mitos culturales en los programas escolares desde edades tempranas.
• Involucrar también a niños y hombres para reducir el estigma y fomentar la empatía.
3. Apoyo a productos sostenibles
• Promover el uso de copas menstruales y toallas reutilizables mediante subsidios o programas de distribución, especialmente en comunidades rurales.
4. Campañas de concientización
• Lanzar campañas en medios y redes para normalizar la menstruación y desestigmatizarla socialmente.
5. Acceso a infraestructura digna
• Asegurar que todas las escuelas y espacios públicos cuenten con baños limpios, agua potable y privacidad para la gestión menstrual.
PD: La pobreza menstrual no se resuelve con caridad, sino con políticas estructurales, educación y voluntad social. Es hora de romper el silencio y actuar con responsabilidad y empatía.


