Opinión
Fredy Machado
“Yo cargo un duende
que me persigue (Bis)
ese no duerme
quiere decirme (Bis)”
-Canción El Duende/
Juancho Polo Valencia
Cuando se habla de “lucero espiritual”, lo asociamos, inmediatamente, con el juglar Juancho Polo Valencia. Ello, en el entendido que, él es el autor de la canción que lleva por título ese mismo nombre. Nos preguntamos: ¿de dónde surgió ese concepto tan complejo y fascinante? Es obvio que, desde una perspectiva distinta a la del cantautor, es muy difícil, descifrar las conexiones y su intención exacta, pero festejamos tal hallazgo porque ese canto hace parte del vallenato auténtico, clásico y grueso.
Se sabe que un lucero es un ente hermoso. Un lucero brilla con luz propia, se sitúa bien alto y lo domina todo. En cambio, el concepto de lucero “espiritual”, es algo más enigmático e ignoto y bien podría asimilarse a una divinidad (¿cuál?)…
A su vez, Juancho Polo Valencia, también es el autor de esa otra canción que cuestiona duramente a Dios: “como Dios en la tierra no tiene amigos/ como no tiene amigos, anda en el aire” (Alicia Adorada).
Nos surge entonces un nuevo interrogante: ¿qué relación. existe entre el Dios espiritual y el Dios ausente que deambula en el aire?
Y, excepto lo relativo a la “distancia” de los hombres, no existe un punto de encuentro entre esos dos entes.
Independientemente de lo anterior, en relación con las dos canciones, también encontramos una diferencia más terrenal. Ocurre que en la canción Lucero Espiritual, ya Juancho Polo Valencia no indaga por Alicia sino que se interesa ahora por Emilita.
La indagación la realiza en los siguientes términos:
“Estrella del universo, estrellita
Dame razón de Emilita, ay hombe
Me le llevas estos versos
Cuando la encuentres solita”.
En todo caso, Alicia seguirá siendo nuestra preferida y siempre será evocada (no solo en todas las parrandas), sino en ese nostálgico canto: Recuerdos de Alicia de Duque Palomino.
“Alicia se volvió canción/ pero mi acordeón no quiso tocarla con alegría”.
El valor de esas imágenes en Juancho Polo Valencia, radica en que, en vez de cantarle a la Luna (vacía y tomada por astronautas), se confirma que el cantautor prefiere dialogar, en este caso, con astros más lejanos y distantes.
Sin duda, es un toque de una magia celeste y más profunda.
Luego, si Lucero Espiritual y Alicia Adorada son canciones con estructuras sofisticadas y enigmáticas, es bueno recordar que Juancho Polo Valencia compuso un canto con una esencia primorosa y con la misma aura misteriosa. Esa canción se titula: El Pájaro Carpintero.
En estos versos, Juancho Polo Valencia, analiza la rutina de esta ave y nos habla de su tristeza…
“El Pájaro Carpintero…
¡un pájaro tristecito!
¡ese tiene algún misterio
cuando rompe el palo con el pico! (bis).
Obsérvese que el argumento central de la composición -la tristeza de una ave destinada a picotear árboles-, entra en abierta contradicción con el sentir del juglar pues en medio de la elocuente tristeza que le atribuye al mencionado Pájaro, al tiempo, Polo Valencia alcanza a encontrar cierta paz y regocijo en ese canto triste. Esta es su mirada…
¿cuál es ese pajarillo que canta por la mañana?
¿cuál es ese pajarillo que canta al amanecer? (bis)
oigan mis amigos que me alegra tanto el alma…
¡oyeme caramba que me da tánto placer! (bis)
Y, conforme al contexto expuesto, es fácil entender entonces por qué en la actualidad, muy a pesar de que fluyen muchas canciones vallenatas y aparecen más compositores, se confirma que muy pocos trascienden en este “mundo historial”.
El vallenato grueso tiene un peso, tiene protagonistas y son narraciones que corresponden a una vivencia profunda. Incluso, la referencia al “Mundo Historial” en Juancho Polo Valencia, puede ser una feliz ocurrencia o una licencia del compositor, pero gusta mucho y es perdurable, hasta el punto que las nuevas generaciones festejan estas canciones, las siguen cantando y hacen suyos sus versos a pesar de la complejidad de los temas.



