EDITORIAL
Debo comenzar diciendo que hacer unas fiestas populares cuando los muertos por la pandemia pasan de 2 mil, los casos positivos en más de 122 mil, cuando se confirmó la llegada de la variante Delta y sobre todo cuando se anuncia la cuarta hola del Covid-19 es una total irresponsabilidad.
Pero para no entrar en detalles de cifras, lo que está haciendo la directora del Instituto de Patrimonio y Cultura de Cartagena IPCC, Saia Vergara y el alcalde William Dau Chamat, este año con las Fiestas de Noviembre es aplicarle el Harakiri.
No hay derecho que se irrespete a los familiares de las víctimas de la pandemia de esa manera. Pero más allá, hacer unas fiestas populares con solo 4 o 5 candidatas ya es el colmo del descaro y la politiquería.
Leer un comunicado de prensa donde la Alcaldía alardea porque el alcalde se reunió con las 5 aspirantes al reinado popular que ahora creo que las llaman “lanceras” es una inmensa tristeza.
Pareciera más un capricho de la Mariamulata y los pocos que quedaron del cartel del suero vinculados y atornillados en el IPCC.
¿A quién les favorece que se realicen las Fiestas de Noviembre? No me vengan con el cuento que a los pobres porque se rebuscan. NO, se benefician los mismos que se han beneficiado descaradamente en esta administración cuestionada y denunciada hasta la saciedad.
Pero lo más triste es que los que deben pronunciarse no lo hacen. Todos se quedan callado. Realmente, lo que le está pasando a los cartageneros es que pusieron de moda el “importaculismo”. Pensaron que un bufón, loco y revanchista los sacaría de pobres y se engañaron.
Atrás quedaron los festejos populares con altura, con la participación masiva del pueblo con amor y orgullo. Hoy lo que se ve es un afán de mostrar algo y gastar plata.
¡Que vivan las anteriores FIESTAS DE NOVIEMBRE! Que sí eran fiestas y se podía gozar sin pensar en el luto que guardan más de 2 mil familias de todos los estratos por culpa de la Pandemia.



