OPINIÓN
Por: Horacio Correa
Los acontecimientos acaecidos entre el alcalde de Cartagena y la clase política tradicional y alternativa, nos conduce en nuestra situación de ciudadano del común a las siguientes reflexiones.
– Algunas personas quieren ubicar al alcalde el un rifirrafe constante para desviarlo de sus funciones constitucionales y legales y llevarlo a un plano de incompetencia, situándolo entre Escila y Caribdis, evento que debe ser respondido con diplomacia.
– Los ciudadanos tenemos como prerrogativa hacer críticas a los funcionarios, las que serán atendidas o ignoradas de acuerdo con su relevancia, sin lugar a polemizar.
– Quienes ejercemos política Alternativa generalmente somos improperados por quienes nuestras acciones y denuncias dificultan su enriquecimiento ilícito en detrimento de los recursos públicos.
– Los servidores públicos deben ser circunspectos, concisos y precisos con relación a la satisfacción de las solicitudes de la comunidad.
– El respeto a los demás condiciona el exigido por las autoridades.
– Los recursos públicos deben ser tratados con claridad meridiana y ética, sin favorecimientos ni excesos, para logar ser émulos sociales.
– Escuchar sugerencia y consejos nos hace sabios no esclavos.
– Cartagena no merece más interinidades, y su desarrollo se logra con políticas públicas concertadas y paneadas con visión futurista.
Finco mis esperanzas en que las relaciones administrativas mejoren y nuestros funcionarios ejecuten acciones que propendan en mejorar el estatus de vida de los Cartageneros en condición de pobreza multidimensional, cosa esencial del estado de derecho.



