Al oído de William Dau y demás funcionarios públicos

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OPINIÓN

Por: Horacio Correa

 

Los acontecimientos acaecidos entre el alcalde de Cartagena y la clase política tradicional y alternativa, nos conduce en nuestra situación de ciudadano del común a las siguientes reflexiones.

 

– Algunas personas quieren ubicar al alcalde el un rifirrafe constante para desviarlo de sus funciones constitucionales y legales y llevarlo a un plano de incompetencia, situándolo entre Escila y Caribdis, evento que debe ser respondido con diplomacia.

 

– Los ciudadanos tenemos como prerrogativa hacer críticas a los funcionarios, las que serán atendidas o ignoradas de acuerdo con su relevancia, sin lugar a polemizar.

 

– Quienes ejercemos política Alternativa generalmente somos improperados por quienes nuestras acciones y denuncias dificultan su enriquecimiento ilícito en detrimento de los recursos públicos.

 

– Los servidores públicos deben ser circunspectos, concisos y precisos con relación a la satisfacción de las solicitudes de la comunidad.

 

– El respeto a los demás condiciona el exigido por las autoridades.

 

– Los recursos públicos deben ser tratados con claridad meridiana y ética, sin favorecimientos ni excesos, para logar ser émulos sociales.

 

– Escuchar sugerencia y consejos nos hace sabios no esclavos.

 

– Cartagena no merece más interinidades, y su desarrollo se logra con políticas públicas concertadas y paneadas con visión futurista.

 

Finco mis esperanzas en que las relaciones administrativas mejoren y nuestros funcionarios ejecuten acciones que propendan en mejorar el estatus de vida de los Cartageneros en condición de pobreza multidimensional, cosa esencial del estado de derecho.

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