OPINIÓN
Por: Tamaika Talia
Por estos días no existe otro tema de conversación que no sea “EL COVID19” especulamos sobre la vida después de la cuarentena, los cambios que vamos a llevar a cabo en nuestras vidas y los que suponemos se darán en las vidas de los demás, proyectamos todo hacia el futuro, todo para mañana, para cuando acabe, después de… y pocos dicen estoy siendo, me he vuelto o he cambiado, entonces es muy posible que nada cambie, que los que son malos sigan siéndolo y los que son buenos continúen su camino, muchas intenciones, pero pocas acciones.
Veo a muchos preocupados por la apertura de los centros comerciales y no precisamente porque tengan un local ahí, necesitan gastar, salir a comprar para demostrar al mundo su capacidad adquisitiva, veo a otros un poco más preocupados por los bares, discotecas y restaurantes ya que las selfies no son lo mismo desde casa, por eso he empezado a considerar que la sociedad necesita mucho más que un virus indescifrable para evolucionar, necesita tiempo y necesita amor.
Todo lo vuelven moda, casi que llego a pensar que las video llamadas grupales se han vuelto el referente de aceptación, entre más pantallazos compartan en las redes es más cool ¿será que no pueden hacer la video llamada sin mostrársela al mundo? Pero aún asi, muchos le tienen fe a la humanidad, yo le sigo teniendo fe a la humanidad, pero no es como que todos van a transformarse de un día para otro, que saldrán a la calle y serán otros, esto necesita más que un virus, esto necesita amor.
El covid ha dejado a flote muchos sentimientos que antes desconocíamos y relaciones que nunca pensamos tener, hemos afianzado unas y desechado otras, ha sacado nuestro lado más primitivo y básico, ha puesto a trabajar nuestra creatividad, ha planteado metas y objetivos que solo un largo día de trabajo habían podido sabotear, le empezamos a poner amor a todo.
Logramos distancia física pero más acercamiento emocional, sentimos tantas cosas al mismo tiempo que logramos perdernos en nuestros pensamientos, el pánico muchas veces nos gana la partida y vemos todo color de hormiga, el terror de las noticias logra ser abrumador y la saturación de información agobiante, hemos desperdiciado meses enteros con sus semanas y sus días reinventándonos pero termina siendo frustrante y agotador, definitivamente es mucha ansiedad para estos tiempos en los que solo necesitamos amor.
Hay días malos y hay días buenos, los números parecen resultados de la lotería cada final del día, para saber cuántos nuevos hay y cuantos abandonaron la batalla, nos quejamos y decidimos buscar culpables, pero el error es de cálculos.
Confinados en nuestras viviendas tenemos mucho en que pensar, pero no todo es tan malo como parece a veces, de todo esto estamos esperando la enseñanza, la experiencia y sobre todo los recuerdos, no habrá historia que no quede marcada por estos tiempos como “esto sucedió antes o después del covid” cada niño que nazca, cada amor que prospere y cada relación que termine, cada amistad que se forje y cada alegría o tristeza, todo tendrá la marca del covid, seria genial poder tener la oportunidad de decir “yo era así antes del covid y ahora soy alguien mejor”.
El amor lo abarca todo, el amor por muestra familia, por nuestros amigos y por nuestros trabajos u oficios, todo terminara tarde o temprano, con bajas y triunfos, derrotas y exitos, pero abra un muevo comienzo para muchas cosas, no podemos dejarnos afligir por este momento, tenemos que ser fuertes, debemos ser más astutos que el covid, debemos transformar nuestras fuerzas y convertirnos en la mejor versión posible de nosotros mismos, llenarnos de todo el amor posible para tolerar, resistir, superar y construir juntos conceptos novedosos. El amor cubre una inmensidad de espacios y es la única fuerza capaz de despertar hasta a una princesa profundamente dormida, así que será capaz de mantenernos firmes y luchadores, entregando menos noticias falsas y más esperanza, compartiendo más realidades que guías de autoayuda, compartiendo más vidas ordinarias que esas sacadas de la utopía.
Decidí no condenar al covid a la horca, la mejor decisión es enfrentarlo, no demostrarle miedo y tomar las medidas que nos garanticen sobrevivir a él. Son más los que se salvan que los abatidos, debemos tener nuestra propia tabla estadística, no dejarnos afectar por el pánico y la ansiedad, nuestro conteo es con los que siguen aquí, pidiendo a Dios por los que ya no estén, así le damos la vuelta a la tortilla, así no enviamos mensajes de terror, así ganamos confianza y terreno, no usemos el miedo para corregir, con amor se llega más fácil al corazón.


