JUS SENSIBLE

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Opinión 
Por: Fredy Machado
Abogado
Si existe una profesión donde se tiene la posibilidad de conocer verdaderamente al Hombre con todas sus debilidades y grandezas, es la abogacía.
Y más aun, si el abogado ejerce la especialidad en derecho penal.
En días pasados, gracias a las redes sociales, hemos sido espectadores de un caso que conmocionó a los protagonistas del proceso penal: el Fiscal, el Defensor y el Juez.
Los más duros críticos del suceso somos los propios penalistas. Incluso, existen voces al interior del gremio que descalifican las reacciones generadas por tan relevante asunto. Un sector de juristas han sugerido que el defensor incumple con su deber y que lo más aconsejable era solicitar un receso e ir a “llorar” en solitario.
El proceso, para los que no lo conocen, corresponde a una audiencia por un abuso sexual en el que la víctima es un niño de 22 meses y el victimario es su padrastro de 19 años. La noticia es desgarradora y al decir de Luis Carlos López, capaz de conmover hasta a una estatua…
La discusión se centra entonces sobre el profesionalismo de los protagonistas de la audiencia por haber exteriorizado sus muestras de repudio por el impacto del suceso.
En mi sentir, en un país donde las noticias perversas se superan día a día y la capacidad de asombro ya no tiene respuesta, un acontecimiento de esas características es esperanzador.
En primer lugar, porque nos permite confirmar que los profesionales del derecho no son tan insensibles y que no estamos hechos del mismo material con que la tecnología construye a los robots.
No pasa inadvertido que así como existen jueces conservadores y jueces liberales, existen abogados humanistas y juristas menos humanistas.
Desde luego que el Derecho Penal es duro, hostil y desde las primeras clases de consultorio jurídico así se nos revela, pero excepcionalmente se presentan eventos como el que aquí se analiza, que producen conmoción y desnudan nuestras miserias.
Son muchas las razones filosóficas que podrían justificar o censurar la validez de las actuaciones de los involucrados y muchos lectores podrían coincidir o apartarse de la particular visión que aquí se expone, pero soy un convencido de que no se traiciona al Derecho Penal cuando en casos muy excepcionales se hacen incontenibles nuestras lágrimas, revelando que somos seres sensibles.
En todo caso, la ciencia de Carrara nunca dejará de sorprendernos pues sin importar los diplomas y el rol que cumplimos, el asombro siempre se asomará y deambulará por las salas de audiencias. Es necesario entonces volver a Couture y sus mandamientos: “Olvida. La abogacía es una lucha de pasiones. Si en cada batalla fuera cargada tu alma de rencor, llegará un día en que la vida será imposible para ti…”
Y, en tal escenario, con razón, y humor, el Negro Roberto Fontanarrosa (Q.E.P.D.), nos dice: La historia me juzgará. Pero tengo el mejor de los abogados: el olvido”.

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