LA LUNA QUE ILUMINA EL VALLENATO

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“Porque en aquellos hermosos tiempos
se me antoja que en Fonseca
anunciaba un acordeón
la salida de la luna”
-Carlos Huertas/Hermosos tiempos

 

I INTRODUCCIÓN.

Por antonomasia, la luna se caracteriza por su magia especial, muy a pesar de haber sido perturbada en su soledad por supuestos vuelos espaciales. Sin embargo, la luna sigue siendo el alma de la noche y de muchos vallenatos clásicos. Incluso, la luna mantiene esos vínculos invisibles con nuestra infancia. Quizás por ello, por generaciones, las rondas infantiles siguen repitiendo ese: “luna dame pan, que tus hijos no me dan” o “luna lunera, cascabelera”
Y, la luna, imperturbable, sigue siendo la musa misteriosa de los poetas.
La luna es dinámica, “andariega” y de cierto modo “trotamundo” y noche a noche, desde tiempos inmemoriales, se despliega y sale de ronda, para continuar siendo testigo de las grandes transformaciones de la humanidad.
Esa luna, con presencia total, sigue siendo protagonista de muchos cantos vallenatos y es cómplices de las parrandas con acordeón, en amaneceres, en casetas, patios y terrazas. Lo dijo el mismo Emiliano Zuleta, en su canción “Mi hermano y yo”.
“Quizás cuantas veces he visto salir/ La luna radiante por la madruga’”.
Por costumbre, la luna, se alza imponente y desde las alturas nos observa y lo hace con una mirada, igual a la que describe Rosendo Romero en la exquisita composición, Mi Poema…
“Esa mirada profunda y misteriosa es…/Como los claros de luna entre sombras de almendros”.

II. LA LUNA CAMBIANTE

En verdad, no existe una sola luna y los cantos vallenatos descifran esa cierta metamorfosis. La luna es voluble, cambiante y muy coqueta. Es cierto, cada mes -o época del año-, tienen su propia luna y sus efectos son distintos.
Esta teoría se confirma en cinco cantos que a continuación citaremos y en los que se demuestra que los compositores, inspirados o dejándose llevar de sus intuiciones, descubren que en esos meses -enero, abril, junio, septiembre o diciembre-, la luna no es la misma.
En el coro de luna Sanjuanera, Roberto Calderón, le suplica a la luna de fin de año por el regreso de la amada.

“Luna de Diciembre
luna sanjuanera
dile que regrese
porque no aguanto
ay! porque no aguanto
vuelve mi negra”

El poeta Rosendo Romero, en cambio, en “Luna de junio”, conmovido, dialoga fascinado con el satélite y nos enseña toda su grandeza…

“Luna, luna de tanta gente
luna de frío y sombra
luna de penas, luna de amor
luna de mil cosas.
Quiero que en las noches de junio
te apartes de mi mundo
porque ahora en mayo tienes que pasar
hoy de su nombre dulce y celestial
que de amor es augurio”

Por su parte, Octavio Daza en “Sanandresana”, dialoga con la luna e indaga por su amada, solicitando su auxilio para así poder ubicarla. Después, comprende que la luna es ajena a sus intereses y hasta percibe sus celos. Entonces, termina comparándose con el pirata Morgan por su afán desmedido por los tesoros.

“Luna de Septiembre que siempre me acompañas
Por favor decime donde está mi morenita
Tú que bien conoces los secretos de esta isla
Dime donde está mi bella sanandresana”

En el mes de enero la luna es más conciliadora y se confunde con el paisaje. Ello se confirma en la canción “El Pescador” de Santander Durán Escalona. En este canto, el compositor protesta por los sufrimientos de nuestros antepasados y destaca la capacidad de resistencia de los esclavos…

“Ya la luna de enero
entró a la playa
las estrellas dan luz
con gran derroche”

El mismo Rosendo Romero en la canción “Sueños de conquista”, orgulloso de sus raíces, hace un nuevo homenaje a su terruño: Villanueva. En el coro de la canción se advierte que le canta a una mujer de provincia y la relaciona con el mes de la primavera.

“Por ti yo quiero más a Villanueva
Allí naciste tu luna de abril”

III. LA MUJER Y LA LUNA

Las canciones vallenatas, tal como se ha visto, tienen la virtud de mostrarnos la versatilidad de la luna según las épocas del año y desde luego que se trata de licencias poéticas o la búsqueda de contexto en sus narraciones. Sin embargo, LEANDRO DIAZ, el poeta invidente, va más allá, y se arriesga a exponer su propia teoría, ante lo impredecible del carácter femenino. En la canción “Olvídame”, expresó:

“Ay, la vida de las mujeres
es invencible y profunda
Los cambios que da la luna
Los da la mujer también
Los cambios que da la luna
Los da la mujer también”.

El gran Leandro, desconcertado, con ocasión del comportamiento femenino, se extraña porque la mujer es capaz de “cambia penas por placer y dichas por amargura”. Es una visión muy generalizada, lo que la hace inexacta. Con todo, a pesar de no compartir su postura, la exótica tesis corresponde a una conexión simbólica y cultural muy antigua. Independientemente de ello, la canción tiene un verso implacable: “El amor entra de pronto, pero para salir demora” y en esto sí que acierta Leandro pues todos sabemos que no es fácil, ni breve, superar una decepción amorosa.

IV. LA MEJOR CANCIÓN

Siguiendo en este recorrido, se sabe que entre gustos y colores no se han puesto de acuerdo los autores, sin embargo, a mi gusto, la mejor canción en la que la luna resulta involucrada, la compuso el abogado Julio Cesar Rocha, oriundo de Cartagena. La canción se llama LUNA y en ese canto, la luna es protagonista y hace las veces de confidente ante un mortal que cuenta sus pesares en el amor…

“Luna,
testigo de mis penas
tú sabes que por ella
vivo con mi sufrir

Ella fue
de mi mar las arenas
de mi cielo la estrella
que alumbra mi vivir

Ella fue
de mi prisión cadena
causa de mis querellas
mi principio y mi fin”

Sin duda, es la mejor aproximación, queja y suplica de amor que se le hace a la luna desde la orilla de los vallenatos. No se trata de ladrarle sino de hacerla cómplice y con ello, confesarle todos los sufrimientos de aquel que ama y no ha sido correspondido.

V. LA LUNA LLENA

El espectáculo de la luna llena, lo describe Carlos Huertas, en dos de sus canciones: “Hermosos tiempos” y “Lola la Negra”. La primera, es un canto de añoranzas por el viejo Fonseca y nos dice:

“Ya no se escuchan trapiches
Ni caballos ni acordeones
Ya no cantan sus mujeres
En noches plenilunares”

En “Lola la Negra”, nuevamente, Carlos Huertas, nos da cuenta de esa luna parrandera -luna llena-, que se muestra grandiosa y que protege a los hombres que disfrutan de esas madrugadas etílicas.

“Y serenatas poner quisiera
Si me fuera posible cantar
En esta noche tan parrandera
Invitadora y plenilunar
Y cantar, “el cantor de Fonseca”,
“Hermosos tiempos” y algunos más
Y despertar a Lola La Negra
Con mi merengue sentimental”

VI MI LUNA ERES TÚ

Luis Eugurrola en “Ven conmigo” le cuenta a su amada cuál es su filosofía de vida y de paso, la invita a marchar a su lado. Es una mujer soñadora al igual que el poeta y le expresa que “mi felicidad quiero que seas tú”…

“Ven conmigo, soñadora, ven conmigo, soñadora
que si aquí, en esta noche, no hay Luna, mi Luna eres tú”

 

VII LA LUNA Y LOS MOMENTOS

Fernando Dangond Castro en la canción “Cautivo en tus redes”, realiza una magnifica introducción con ese “Ella es…” y luego, impactado, nos describe a esa mujer ideal que lo somete y a la que, precisamente, está a punto de confesarle todo su amor con el propósito de hacer realidad sus sueños. Esta vez, la luna es de invierno…

“Soñaré, con la mujer hermosa y esquiva
Luna fugitiva de invierno
Y presiento que le ofreceré toda la vida
Y presiento que le ofreceré toda la vida
Sus ojos verdes como la llanura del valle
me hacen vivir
Y mientras más cautivo estoy en tus redes
de ensueño, soy más feliz”

En “Tardes de Verano”, encontramos a un Emiliano Zuleta gratamente sorprendido por la belleza incomparable de Cartagena e inspirado, aunque le canta a la tarde, advierte además que una luna vespertina se asoma y reniega no tener las habilidades de un pintor para plasmar tanta hermosura…

“Cuando yo veo ese sol que se está escondiendo
Y detrás de mí se está asomando la luna
Si me pongo a recorrer todo el mundo entero
Quizás no encuentre una tarde como la tuya
Mejor yo fuera pintor y no acordeonero
Para pintar los detalles de tu hermosura”

VIII LA LUNA COMO PARTE DEL PAISAJE

En el canto “Rosa Angelina” de Juan Vicente Torrealba, el venezolano, compara a su amada con el sol y, acto seguido, incluye e integra la luna en toda esa escenografía. Los versos son en favor de Rosa Angelina.

“Te comparo con el sol
Morena
Cuando el día viene rayando
Y la luna en el palmar
Y la luna en el palmar
Con el día se va ocultando”.

En “Venceremos”, canción de Marciano Martínez, la luna hace las veces de telón, pero esta vez, no se abre, sino que se cierra -o se esconde- para introducirnos en uno de los conflictos más serios que suelen presentarse, entre el enamorado y la familia de su amada. Es la lucha por una relación secreta y amenazada…

“Ya se ocultó la luna tras un nubarrón
La noche está penumbra y yo estoy con mi amada
Teme que nos descubran se encuentra asustada
Llorando entre mis brazos tiembla de emoción
Sufre porque sus padres no gustan de mí
Porque ellos tienen plata y yo no tengo nada
Ellos dicen que solo soy un infeliz
Si me caso contigo te haré desdichada”.

El buen Calixto Ochoa en “Compañerita”, la canción que sentencia que “una casa sin mujer no es más que un infierno”, nos muestra la oscuridad que embarga y domina a una relación que acaba con un fuerte sabor a derrota…

“Qué tristeza y qué dolor, cuando miro y tú no estás
Si la luna fuera estable no dormiría yo esperando
Pero hay veces que no sale y tengo que dormir temprano”

IX LA LUNA Y LA NOSTALGÍA.

En “Los Tiempos de la Cometa”, Fredy Molina le pregunta a la luna de su pueblo sobre las complejidades de la vida. La nostalgia, invade al poeta y también a nosotros, al escuchar estos versos. En especial, debemos resaltar que Molina en ese precioso canto, le hace un guiño al siempre vigente Gustavo Gutiérrez…

“Yo le pregunto y que me diga
Esa luna patillalera
Por qué el remplazo de mi vida
Porque morir mi madre buena
Porque hay sufrimiento lunita
Que no llore el niño siquiera”

La misma nostalgia de Molina la experimenta Carlos Huertas, pero en su caso, cuando regresa a las tierras del sur de la Guajira. En su canto “Del tamaño de la luna”, entra a comparar ese sentimiento que agiganta a su corazón, justo cuando regresa a su provincia…

“Por ejemplo, los recuerdos de aquellos días de mi infancia
que siempre llevo conmigo
porque al llegar a esa tierra se despierta la añoranza
de adorables tiempos idos
incontables aventuras de grata recordación
Ay se me pone el corazón del tamaño de la luna
Ay se me pone el corazón del tamaño de la luna”

X LA LUNA Y LAS SERENATAS

Es el cantautor Diomedes Diaz, en su canción “Sol y Luna”, nos da a conocer la rutina de aquel trovador que llega hasta la ventana de su amada a brindarle una serenata y, muy conocedor de su oficio, describe con emoción y displicencia su tarea…

“Muy buenas noches pedacito de mi alma
Despierta, que ya llegó tu amor
Hoy vengo a verte iluminado por la luna
Hay mañana, bajo la luz del sol
Y eres tan bella cuando la luna y las estrellas
una por una, besan tu cuerpo y tibian tu piel
Y eres más bella, cuando un lucero de primavera
en luna llena, filtra tus luces, en ti mujer”

XI LA LUNA Y LA NOCHE

En “Igual que aquella noche”, Emiro Zuleta, reconoce que, en el aniversario de su noviazgo, curiosamente, el cielo de la fecha de su conquista, coincide con el mismo cielo del ayer y ese cielo es el mismo de su tierra.

“Hace dos años que te entregué todo mi cariño
en una noche igualita a ésta, llena de estrellas
le hermosa luna que nos miraba quizás bendijo
pa´que mi vida junto a tu vida siempre estuviera”

En el mismo sentido, Rosendo Romero, en “Noche sin lucero”, además de lograr los versos más bellos como “quiero espantar la mirla por la media noche y remplazar su nido por un gajo de luceros”; “quiero a mi novia casi una niña, flaquita y tierna, muy sencillita y del alma buena con su expresión soñadora” y “quiero robarles los minutos a las horas pa’ que mis padres nunca se pongan viejos”, nos alcanza a decir:

“quiero el sepulcro de una noche sin lucero
Luego resucitar para una luna parrandera”

XII OTRAS LUNAS

Siguiendo con Calixto Ochoa, en su canto “Chispitas de Oro”, el cantautor logra definir unos ojos bellos y lo hace con gran genialidad, y aquí cita a la luna como un referente adecuado…

“Desde el día en que te vi
brillaban tus pupilas como chispitas de oro
como gotas de sereno en noches de luna clara”

Por último, Gustavo Gutiérrez, en “Sencilla y cariñosa”, describe una luna triste que se esconde y es esquiva, con la misma intensidad con que su amada lo abandona, todo por escuchar y prestar atención a “la gente maligna de este mundo” interesada en verla sumida en el dolor…

La luna triste se esconde tras el monte
que silencioso, solo la ve partir
de igual manera te alejas y te alejas
habrá un motivo y no lo quieres decir”

XIII A MANERA DE CONCLUSIÓN

Esperamos que les haya gustado este recorrido -o ronda- de la mano con la luna, casi omnipresente en muchos cantos vallenatos, y como se ha visto, nos ha permitido apreciar la calidad, exquisitez y jerarquía poética de las composiciones citadas. Es posible que otras canciones, también relevantes, hayan quedado excluidas. La razón: siempre optamos por las que consideramos contienen figuras literarias con mayor riqueza descriptiva. En todo caso, espero no haber alucinado en el intento…

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