¿En serio? ¿No hay un solo secretario o funcionario de «alta confianza» de William Dau Chamat, que le diga que lo que está haciendo la primera dama Cynthia Pérez Amador, no es correcto, que no está bien y que dista de los postulados anticorrupción esbozados en campaña y que lo ayudaron a ser elegido alcalde de Cartagena?
Traigo a colación el tema de la primera dama por ser el más reciente y entre otras cosas más insólito, por no llamarlo de otra manera, pero hay muchos más que toda la ciudadanía y los entes de control conocen muy bien que podrían ser tratados en este editorial.
La gente en la calle se hace la misma pregunta que nos hacemos algunos periodistas no oficialistas, que por nuestro trabajo “conocemos” el tema.
Pero causa más extrañeza el silencio de los “intachables”, los “impolutos”, los “formadores” de juventudes.
¿Dónde está David Múnera Cavadía, que cuando estuvo como concejal criticaba y ponía al descubierto el mínimo gramo de corrupción en la administración de turno? ¿Dónde está María Claudia Peñas, exdirectora de Cartagena Cómo Vamos, quien con sus encuestas ponían al descubierto las realidades de la ciudad? Por poner solo dos ejemplos.
¿Por qué callan los “formadores” de juventudes? Los educadores.
Con qué cara se presentará ante sus alumnos el profesor Dewin Pérez Fuentes, Secretario de Hacienda, economista de la Universidad de Cartagena, especialista en Finanzas de la Universidad de Cartagena, magister en Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Colombia y doctor en Ciencias Económicas de la Universidad del Zulia. Mejor dicho, con todos los pergaminos y que se atrevió a decir que la ciudad estaba prácticamente en quiebra, cuando le demostraron todo lo contrario al aprobar el Concejo una reincorporación millonaria.
Qué dirán los colegas y las nuevas generaciones -los alumnos de colegios oficiales- del silencio de la profesora Olga Acosta Amel, secretaria de Educación Distrital. O los compañeros colegas y alumnos de Javier Mouthón director del EPA y docente de la Universidad de Cartagena.
En una sociedad descuadernada, destruida y con un futuro incierto, flaco favor le hace el silencio de los que se creía, que eran los impolutos, los intachables en la administración Dau Chamat.
Estoy convencido que no lo hacen por dinero, porque todos tienen sus empleos, muy bien remunerados. ¿Lealtad? ¿A quién? A unas personas que los han llevado a cruzar la delgada línea de “faltar” a sus principios éticos.
De verdad, lo digo sinceramente. Ya es hora de que esto cambie en realidad, pero que cambie para bien, que sea transparente para que todos -me incluyo- apoyemos un barco con capitán que lleve a buen puerto a Cartagena.
Callar no es la solución. Al contrario, destruye aún más los principios.
Les hago un llamado a ustedes que tienen -o tenían- una buena imagen en la ciudad. A los otros -a los que hablan mal de las anteriores administraciones y fueron funcionarios en todas y cada una de ellas o a los que se autoproclaman líderes sociales y que llegaron en paracaídas a la actual administración- no vale la pena, todos los conocen y muy bien.
Ya basta de tanto silencio que no hace más que hundir más el barco de la esperanza.


