Todos hablando de corrupción, pero ¿quién cierra la puerta?

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EDITORIAL

JUAN CARLOS CERÓN

 

Este proceso electoral en particular se ha caracterizado por una sola cosa, el odio. “Antipatía, o aversión hacia algo o alguien cuyo mal se desea”, dice el Diccionario Esencial de la Lengua Española 

 

En todo el país, ha sido una constante, en Bogotá, Barranquilla, Medellín, Cali etc. Pero nos vamos a centrar en Cartagena, que ha sido el epicentro de todas las críticas. (dejando en claro que lo de la señora, Aida Merlano, fue en Barranquilla, por si acaso también se lo quieren achacar a Cartagena).

 

Candidatos que destilan odio -pero para sorpresa, no contra todos los demás contendores, sino contra los que van adelante- No les importa que los que van atrás en las encuestas, hayan tenido episodios de corrupción ya sea por ellos o algunos de sus familiares.

 

Corrupción

 

“Acción o efecto de corromper”, es la primera definición en el Diccionario Esencial de la Lengua Española. Fíjense que aquí no dice que es una acción solamente de funcionarios públicos. Nos cae a todos, empleados o desempleados, jóvenes o adultos, políticos o no políticos.

 

¿Hay algunos que son más corruptos o menos corruptos o un poquito corruptos? Es lo mismo, cuando te conectas fraudulentamente al poste de la energía, cuando utilizas agua que no pasa por el contador o cuando no le pagas al tendero o te subes al Transcaribe saltando la registradora o cuando fías y no pagas o cuando te dan más dinero en el vuelto y no lo regresas etc. Eso es corrupción.

 

Creo, que ni el Papa, puede decir que, en toda su vida, no cometió un acto de corrupción, por mínimo que sea, alguna vez tuvo que haber dicho si quiera una mentirilla.

 

Pero ahora salen los zares anticorrupción, señalando a los demás de bandidos, rateros, corruptos, mirando la astilla en el ojo ajeno, sin darse cuenta de la biga que tienen en su ojo. El odio, no los deja recapacitar.

 

¿Quién de nosotros o de nuestros familiares no ha cometido un acto de corrupción, por mínimo que sea a lo largo de su vida? Yo creería que por lo menos un 99.9 por ciento.

 

Entonces ¿Quién cierra la puerta?

 

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