DE DÓNDE SON LOS COLUMNISTAS…

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Opinión

Por Freddy Machado

Abogado

(RUMIANDO SOBRE LAS COLUMNAS DE OPINIÓN…)

 

A @DCoronell, mi solidaridad…

 

Una columna de opinión es luz. Es un despliegue de inteligencia, es capacidad de asociación y en muchas ocasiones, el columnista nos sorprende, con la chispa sutil y bien empleada cual cereza del pastel. Un columnista, en pocas palabras y de manera contundente, nos muestra su visión de las cosas o de una cosa.

 

En Colombia, Jorge García Usta (1960-2005) enseñó a sus alumnos de periodismo, de manera crítica, que “el columnista de opinión se le ha encargado la responsabilidad de resolver los problemas del país cada semana”

 

Y, sentenciaba el buen escritor cordobés, “Las columnas son para tomar partido. Sin sectarismos y sin pretender tener la verdad revelada” Pero, desde esa perspectiva, Garcia Usta, dejaba en claro que: “La columna no puede ser objetiva, sin embargo, a lo menos, debe aspirar a ser honesta”

 

Un buen columnista argumenta de tal manera que cuando desde su torre, arma su exposición, intenta mostrarnos todas las perspectivas del tema para luego fijar su particular visión.

 

En estos días en que la polarización del país nos tiene divididos y parece que se hace imprescindible tomar algún partido, es necesario escuchar las mejores voces de nuestro país, es decir, a los columnistas.

 

Por eso entendemos la molestia de Salcedo Ramos cuando afirma: “Lo peor que le puede pasar a un columnista es que no tenga opiniones sino intenciones” Y, seguidamente, nos explica sus razones: “…No desarrolla los argumentos porque se lo impide el ser rehén de su propia bilis”.

 

Y estamos felizmente de acuerdo.

 

Recordemos que Mario Vargas Llosa ha señalado: “Se escribe para llenar vacíos, para tomarse desquites contra la realidad, contra las circunstancias”. Es más: sobre las intenciones del periodista, el escritor Peruano, ha sentenciado: “El periodismo, tanto el informativo como el de opinión, es el mayor garante de la libertad, la mejor herramienta de la que una sociedad dispone para saber qué es lo que funciona mal, para promover la causa de la justicia y para mejorar la democracia”

 

Es cierto, el buen periodismo debe tener ese Norte, y de ninguna manera, malas intenciones.

 

Y, nada como el domingo para leer columnas de opinión. Las buenas columnas del domingo están hechas de ese material muy parecido al “acero inolvidable”. Precisamente, esa imagen me traslada a mi infancia cuando el viejo Machado leía El Espectador de finales de siglo y con un bolígrafo, subrayaba esa “luz” de la que les hablé al principio. Luego, ya de adolescente, con cierta autoridad le reclamaba con molestia a mi padre por qué su bolígrafo ignoraba ciertos apartes de mis columnistas preferidos.

 

Sin duda, crecía y ya empezaba a mostrar preferencias.

 

El columnista nos conduce, nos convence, permite formar o fortalecer nuestra visión de las cosas. Otros cumplen el papel de provocadores entusiastas, defensores de nuestras raíces o amanuenses de nuestras nostalgias.

 

Pero, al final, como diría, Luis Carlos López, ¿qué cosas estoy diciendo? Y estimo que simplemente estoy rumiando sobre los columnistas y lo hice desordenada e impunemente, al mejor estilo del interrogante necio de la tonada cubana ¿De dónde son los cantantes? Serán de la Habana o serán de Santiago…

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