Las autoridades se portaron a la altura, fueron los mejores anfitriones, el Gobernador de Bolívar, Dumek Turbay Paz, el alcalde encargado de Cartagena, Sergio Londoño Zurek y por su puesto el Arzobispo de Cartagena, Monseñor, Jorge Enrique Jiménez Carvajal.

 

Terminó la visita del Papa Francisco a Colombia y no pudo escoger una mejor ciudad que Cartagena, para despedirlo.

 

Desde su llegada a la Heroica, el Santo Padre, sintió el cariño de miles y miles de cartageneros y turistas que se agolparon por las calles de los sectores por donde transitó el Papamóvil.

 

El lamentable incidente ocurrido en el barrio San Francisco, en donde el máximo jerarca de la iglesia Católica, sufrió un golpe en su cabeza, al frenar el vehículo de forma inesperada, no le quitó su sonrisa y al contrario lo asumió.

 

Nos dejó un mensaje de paz, amor y reconciliación. Demostró una vez más que es un Papa carismático, amable, sobrio y des complicado, un verdadero líder espiritual.

 

En Cartagena, se superó lo vivido en ciudades como Bogotá, Villavicencio y Medellín. La gente se agolpó dentro y fuera de Contecar, para recibir la bendición del representante de Dios en la tierra.

 

Las autoridades se portaron a la altura, fueron los mejores anfitriones el Gobernador de Bolívar, Dumek Turbay Paz, el alcalde encargado de Cartagena, Sergio Londoño Zurek y por su puesto el Arzobispo de Cartagena, Monseñor, Jorge Enrique Jiménez Carvajal.

 

Fueron 5 días en Colombia, más de 3 millones y medio de personas en los actos en donde estuvo el Papa.

 

¡Ojalá todos seamos esclavos de la paz! Reiteró el santo padre, quien además visitó la humilde vivienda de una mujer que trabaja por la comunidad en el barrio San Francisco, uno de los sectores más pobres de Cartagena.

 

El esquema de seguridad adoptado por las Fuerzas Militares y la Policía Nacional, fue el mejor. 

              

 

 

 

                 

 

 

 

 

 

 

 

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