Opinión

Por: Fredy Machado

 

La idea sublime de que hundiendo un botón -abracadabra- al mejor estilo del "genio" de la lámpara de Aladino, las cosas inanimadas se muevan o se actualice la búsqueda de información o se procesen datos a hiper-velocidades, siempre inspiró a la humanidad.

 

Mis hijos nacieron cuando ya los controles remotos, las calculadoras y los juegos electrónicos hacían fiesta y esos instrumentos definitivamente llegaron a nuestras vidas para quedarse.

 

Las computadoras han revolucionado nuestro presente y casi nadie se resiste a su auge o a su capacidad de involucrarnos en su dinámica de enlaces vía internet.

 

El teléfono celular, es la imagen patética del buen momento que vive la tecnología.

 

Antes sí que era difícil meterse a la cama en las noches a leer un buen libro sin que nuestra compañera no protestara e insistiera en apagar la luz para poder dormir, hasta que llegó Steve Jobs y perfeccionó la Tablet para que con luz incorporada se pudiera solucionar semejante conflicto conyugal.

 

Toda esta introducción, para advertir que la tecnología nace para hacer cómoda la vida moderna, no para complicarla. Sin embargo, en Colombia las Secretarías de Tránsito a lo largo y ancho del país, han incorporado una técnica impactante con la que se procura controlar el tráfico automotor y sancionar a los conductores que desatiendan las normas de tránsito.

 

Ese control o monitoreo tecnológico, a nuestro juicio, exige una revisión.

 

Es impresentable que a nuestras residencias nos lleguen notificaciones en las que se nos sanciona por supuestos excesos de velocidad en las carreteras del país, sin que se considere qué pensamos los ciudadanos de tal innovación. Las oficinas de tránsito se han apropiado de tal tecnología de punta y asociados con particulares, a punta de costosas multas, obtienen excelentes dividendos, empobreciendo a los infractores con el pretexto de que supuestamente se promueve una mejor cultura ciudadana.

 

Lo inaceptable es que en un país donde el salario mínimo es el referente económico por excelencia, y que muy pocos acceden a tal ingreso, las multas correspondan a ese concepto.

 

En esa reglamentación se descuida que el principio de igualdad tiene un componente que hace parte de su esencia: "la igualdad se predica entre iguales". Luego, no puede imponerse la misma sanción tanto al propietario del BMW o Mercedes Benz de lujo como al de un utilitario y humilde Renault 4.

 

Además, si se trata de una sanción con efectos pedagógicos, lo ideal es que se lleve un registro de las penalidades para de manera progresiva ir generando incrementos sustanciales, cuando se presenten reincidencias. Una sanción tan costosa determina que la finalidad de las Secretarías de Tránsito no es la de educar a los conductores sino que los inspira el ánimo de lucro.

 

Educar tiene sus costos pero una cámara (sistema de videos) para controlar el tráfico en las carreteras y vías nacionales, no hace sino propiciar cobros coactivos, que acorralan a los colombianos, especialmente en tiempos de vacaciones en los que se emplea el carro familiar y regresamos con un rosario de multas generadas por las distintas secretarías de Tránsito conforme al recorrido.

 

La vigencia del sistema de monitoreo del tráfico vehicular exige una regulación razonable, pues con el pretexto de educar a los conductores se está propiciando el enriquecimiento de algunos particulares (concesionarios) de tal tecnología y nos están hurtando por las calles y carreteras colombianas a la manera de Alí Babá y los cuarenta ladrones...

 

 

EDITORIAL

POR: JUAN CARLOS CERON M.

 

Lo que ocurrió la tarde de este viernes no tiene perdón de Dios.

 

Uno no se imagina, cómo en un sector tan custodiado como el centro, lleguen unos antisociales y atraquen a mano armada a una entidad bancaria.

 

En pleno aguacero, llegaron, intimidaron a los empleados del BBVA y se llevaron una cantidad de dinero, que aún no ha sido revelada.

 

La ciudad no solo, no tiene alcalde electo, sino que la delincuencia hace lo que se le da la gana.

 

Una cosa fue lo que informaron las autoridades, sobre la cantidad de muertos en las fiestas de noviembre y otras lo que en realidad reposan en las actas de defunción.

 

Fleteos en toda la ciudad, atracos a transeúntes, en busetas y nadie hace nada.

 

Uno como ciudadano, se pregunta ¿En qué quedó la inteligencia de la Policía Nacional?

 

Esta ciudad ya no aguanta más. Los ciudadanos están a merced de la delincuencia y no hay quién responda.

 

Matan, roban, extorsionan y lo peor es que no se puede hacer nada.

 

La gente no se explica, cómo, Cartagena, siendo “la joya de la corona”, esté a expensas de la delincuencia.

 

 No hay que ser tan analista para saber que los ciudadanos de bien están a expensas de los delincuentes.

 

¿Qué está pasando? ¿A quién culpar?  solo pedimos que las autoridades actúen y no nos abandonen a nuestra suerte.

 

Solo gritamos que nos protejan.

 

¿Es mucho pedir? 

 

 

                 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El grifo Notificas - Cartagena de Indias - Bolivar

Copyright © 2017. All Rights Reserved.