Opinión

Por: Fredy Machado

 

"La absolución del culpable es la condena del juez"

-Publilio Siro-

 

La frase: "Los jueces se aproximan a los Dioses cuando ejercen su misión de juzgar a los hombres", se emplea con frecuencia cuando se trata de resaltar la labor de los administradores de Justicia. Ser Juez es un apostolado, un compromiso y una majestad. Es más: un Juez  debe caracterizarse por la suficiencia en sus conocimientos, la ecuanimidad de sus juicios y en ofrecer el valor agregado de estar siempre actualizado.

 

La judicatura es una cargo de mucho respeto y exige hombres "correctos" en el buen decir de nuestros hombres de campo..

 

Juzgar exige ser objetivo, equilibrado e imparcial pues implica la búsqueda y aproximación a la verdad.

 

Se me ocurre entonces que si existe una profesión más parecida a la del Juez, sin lugar a dudas, es la de Periodista. La diferencia radica en que los togados hacemos parte de una Rama del Poder Público mientras que la Prensa es ajena a esa estructura del Estado. Sin  embargo, con mucha razón y con buen tino, todos reconocemos en la Prensa, "el cuarto poder".

 

Las coincidencias en esencia se presentan porque tanto la Prensa como los Jueces, juzgamos a la sociedad y en particular, a nuestros semejantes. Es cierto, la Prensa informa y al tiempo, nos ofrece su visión de las cosas.

 

En ese entendido, una decisión judicial tiene la capacidad de generar un precedente al interior del colectivo. Incluso, muchas decisiones judiciales han permitido mejorar la calidad de vida de los asociados, especialmente en lo que tiene que ver con un mundo sitiado por las discriminaciones y comportamientos excluyentes. También un buen editorial, un excelente reportaje o una denuncia de un periodista, permiten promover transformaciones sociales y contribuyen a desnudar los métodos cómo los Poderosos explotan a los menos favorecidos.

 

El Watergate es un paradigma que inspira a muchos jóvenes periodistas.

 

Desde siempre, muchos jueces en Colombia, por defender la Justicia, han sido sacrificados. A su vez, en la Prensa, es conmovedor -y ejemplarizante- el testimonio de vida de Guillermo Cano y cómo, desde una moral inquebrantable, se enfrentó con valentía al poder de los violentos. Cano es luz para los periodistas colombianos.

 

Lo cierto es que la justicia, como todas las profesiones en nuestro país, está en crisis y  desde luego que la Prensa no es la excepción.

 

Y, en esa crisis actual de la justicia, la Prensa ha contribuido mucho ha desenmascarar las malas prácticas de hombres de baja estatura espiritual que nunca estuvieron a la altura de la majestad que representaron y que cedieron sus principios por ese hambre desmedida que corroe a aquellos seres que asumen la "ambición" como su Dios.

 

Pero la Justicia ha reaccionado desde su interior, desde la institucionalidad, y echando mano de las herramientas proporcionadas por el sistema, se viene juzgando a los "ilustres" involucrados y se han obtenido verdades respecto a los alcances y circunstancias modales de tan complejas delincuencias.

 

Sin embargo, la Prensa, esa profesión que venimos exponiendo, tiene muchos vasos comunicantes con la misión de los jueces, a juicio de las bases judiciales, incurre en el equivoco de generalizar y de manera irresponsable, estigmatiza a todos los servidores de la Rama Judicial con el empleo de la etiqueta, el "Cartel de la Toga".

 

Por Dios! Señores periodistas, no hay tal Cartel... Estamos es ante un concurso de delitos presuntamente cometidos por ciertos personajes del país judicial.

 

En efecto, el concepto y el valor superior de la justicia es muy relevante como para exagerar con una etiqueta. No hay discusión en cuanto a que resulta un despropósito que algunos funcionarios de la Rama Judicial desconozcan la misión trascendental que se nos ha encomendado por la Constitución Política. Pero, se hace necesario entrar a considerar, con la misma intensidad como se hizo en la sala de redacción del periódico donde regentó como decano Don Guillermo, el día que se discutió sobre  la conveniencia de publicar la foto de la reseña de uno de los involucrados en estos escándalos, si la Prensa puede continuar presentando como "Cartel de la Toga" a unos posibles reos sin importar  que de esta manera se deslegitima a todos los administradores de justicia y empleados probos, honestos y correctos.

 

Sencillamente, la Toga es un símbolo universal de la justicia que merece respeto.

 

Insistimos, es evidente que la institucionalidad se afecta con estos comportamientos criminales de miembros de la justicia. Con todo, la etiqueta con la que algunos periodistas identifican este insuceso, además de ser una generalización amarillista, crea desconcierto y desesperanza en los ciudadanos. En momentos en que toda la Justicia lucha de manera abnegada por sanearse y salir adelante como garantes de La Paz Social, no viene bien tal estigma.

 

La idea es desmarcarnos del rótulo de "Cartel" y superar está "horrible noche", echando mano, por ejemplo, a otros títulos más consecuentes, como por ejemplo,

"una red de corrupción al interior de las Cortes" o "la peor crisis de la justicia colombiana". Es un momento amargo pues son tiempos de crisis y toda crisis exige el empleo a fondo de todas las voluntades para salir avante.

 

Estas voces nacen desde el Tribunal Superior de Bolivar, el Colegio de Jueces y Fiscales de Bolívar y Asonal Judicial.

 

Un parangón final: la prensa es una máquina sincronizada empleada para la impresión de grandes tiradas de periódicos y revistas. Luego, la prensa es un símbolo y una manera de llamar al gremio de los periodistas. En un escenario semejante de malas prácticas de algunos comunicadores, estoy seguro que nadie pensaría en rotular a los involucrados con el calificativo de "El Cartel de la Prensa". Toda generalización es odiosa.

 

La discusión está abierta...

EDITORIAL

POR: JUAN CARLOS CERÓN

 

Los habitantes del barrio La Troncal, no salen de su asombro. Primero, hace un par de días, llegan miembros de la Policía Nacional en horas de la madrugada y les cierran el parque, único sitio de esparcimiento para el disfrute de los niños. Segundo, se enteran que un particular, extranjero, es el dueño del terreno y piensa construir. Tercero, el Esmad y patrulleros de la Policía Nacional, los agreden, por oponerse al cerramiento y destrucción del parque.

 

Los tres puntos son de alta gravedad. La comunidad del barrio La Troncal, es de estrato medio, tranquila, trabajadora y en su mayoría atenta al pago de sus impuestos.

 

Por qué, meterles un piquete de policía a agredirlos, lanzando gases lacrimógenos y levantando a bolillo a la gente, como se demuestra en un video subido a las redes sociales.

 

Tienen derecho a protestar, porque les están “quitando” un parque que duró público por más de 30 años y ahora resulta que es privado.

 

Eso demuestra además, el desorden tan terrible que se vive desde hace muchos años en la ciudad. Nadie, nadie, sabía que ese terreno era privado.

 

Ahora, me pregunto ¿la oficina de Instrumentos Públicos estaba enterada de este predio? Si sabía que tenía dueño, ¿por qué, no ofició a la Alcaldía, para evitar que se invirtieran recursos?

 

Sería bueno, que se desempolvara el mapa de los parques en la ciudad, no sea que le salga dueño al parque del Centenario, o al Espíritu del Manglar o por qué no, al parque de Bolívar.

 

General Poveda, no deje que sus hombres sigan agrediendo a la comunidad. Están en su justo derecho a la protesta. 

 

 

                 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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