Opinión
 
Por: Juan Carlos Gossain R. 
 
 
Han sido muchos años, muchos los muertos que pusieron  desde la orilla ideológica, muchos los espacios ganados con esfuerzo para hacer valer una postura política radicalmente contraria a la impuesta por lo que ellos llaman "las maquinarias y el sistema".
 
En medio de aciertos y equivocaciones, la izquierda partidista en Colombia finalmente se hizo sentir con la resonancia que desde orillas más distantes del "comunismo" sesentero, le dieron sus líderes renovados, muchos de ellos hábilmente adaptados al sistema y haciendo uso de sus propias maquinarias. 
 
Pero como suele ocurrir en distintas circunstancias de la vida, el éxito a veces  trae su propia porción de fracaso. En su búsqueda inaplazable de victorias, y con las ya debidamente obtenidas, dejándose atrapar en el influjo del reconocimiento, como cualquier político tradicional, la izquierda colombiana ha olvidado sus principios ideológicos, para terminar convertida en una fiera con colmillos al aire, que promueve una visión polarizada de la política, de la sociedad y del país.
 
Quienes antes se quejaban de no ser escuchados, quienes reclamaban el derecho a la opinión divergente, ahora son los abusadores y maltratadores que señalan, descalifican, insultan y sobre todo, odian, a quienes no tienen su misma concepción de la política, de la sociedad y del país. 
 
En su supuesto proyecto de renovación, no hay una sola respuesta a cómo gestionar los temas difíciles que afectan a los ciudadanos, pero sin duda lo más grave, es que con sus tesis han desequilibrado la convivencia, esa tan necesaria condición para no acabar matándonos de nuevo.
 
 
Lo que está a la vista, su objetivo único y perseverante, no es otro que el simple acceso al poder. Para ello, no han tenido que diseñar un proyecto propósitivo, les basta con la experta comprensión que tienen de las masas para simplemente acentuar contradicciones. Los lideres de la izquierda se nutren y fortalecen subrayando lo que nos separa, no lo que nos une. Y en la red de sus intenciones, caen con ellos muchos de sus seguidores. 
 
 
Irascibles e intolerables como son, definitivamente resultan demasiado ajenos y lejanos a lo que las mayorías de este país queremos seguir siendo.
 
 
Un fanático de izquierda es exactamente igual a un fanático de derecha, predican y aplican lo mismo. El ataque a los contrarios, el estímulo al odio. 
 
 
Este camino de la Izquierda, el de sus líderes y sus adeptos, se parece tanto al camino de sus enemigos. Y por supuesto, la explicación es una sola, son Colombianos, hijos de las mismas madres, con el mismo gen colectivo cargado de agresividad e intolerancia que sólo modifica a los agredidos en consonancia con los intereses o benéficios de su agresión. 
 
 
El camino de la izquierda es extraño, porque en este país apenas nos estamos acostumbrando a caminar sin pisar el barro.

 

 

                 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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