Por: Fredy Machado

Abogado

 

La esencia de la doble moral que caracteriza a los colombianos se resume en una imagen: nos gustan las fábulas pero nos fastidia la moraleja. Eso explica nuestra creencia en una religión que se fundamenta en las sagradas escrituras y que considera válida aquella enseñanza de que los “”últimos serán los primeros” pero preferimos practicar la máxima popular de “Marica el último”.

 

Es una ética en la que se acepta que el político “robe” pero que “haga algo”, por eso ha hecho carrera en la conciencia popular que en los contratos públicos se diga que se puede pedir CVY pero sin exceder del 10%.

 

En ese entendido, sin mayor recato, reconocemos que los mejores alumnos de la universidad no son los mejores profesionales, porque les falta “relaciones públicas”, porque no están en la “rosca” o a lo mejor, en la “rosquita de la rosca”.

 

Y, mientras en los años 60 y 70 las escuelas y universidades públicas mantenían la hegemonía del saber y se jactaban de la “excelencia” de sus profesores, las élites del país en su afán por excluir a todo aquello con olor y sabor a vecindario o vereda sin servicios públicos esenciales, optaron por “refundar” un nuevo modelo de educación y es cuando aparecen los colegios con “acciones” a la manera de Club Social.

 

Sin duda, la consolidación de tal modelo, es un suicido de la sociedad y un triunfo del egoísmo. Es triste haber sido espectadores de esa imagen insensible de Ministros de Hacienda provenientes de universidades públicas, cerrando las residencias universitarias y los cafetines donde surgió, para que otros (mejores que él seguramente) no tengan la posibilidad de ser futuros Ministros.

 

Lo peor es que tal iniciativa ministerial se realiza a cambio de un cargo burocrático en una de esas entidades que regulan la economía mundial e invirtiendo la ecuación de que debe primar el bien general por encima del bien particular.

 

En la ley de la oferta y la demanda, se ha posicionado un nuevo modelo de educación “prepago”, en la que un padre procura lo mejor para su hijo unos 15 años antes, acudiendo a una empresa de seguros que garantiza una excelente universidad en el porvenir.

 

No contentos con frenar el ingreso de nuevos recursos para la educación pública, los malos gobernantes vinieron por el poco presupuesto que le quedaba. Entonces, al mejor estilo de Robin Hood, los enemigos de la educación pública diseñaron el programa de “Ser Pilo Paga” y esa genialidad, que debía reclutar a los bachilleres con mayor talento para llevarlos supuestamente a la universidad pública, los desviaron de destino.

 

Una vez más se volvió a invertir la ecuación, el nuevo programa sirvió para potenciar a la universidad privada, otorgándole mayores ingresos y fortaleciéndolas.

 

Lo único cierto es que la ecuación que permanece invariable es aquella que enseña que “todo lo del pobre es robado”

 

Y cuando se intenta hablar de volver a posicionar la educación pública, las élites de la sociedad colombiana no hacen sino mirar para otro lado, esconder la chequera y hacerse los desentendidos. Les costó mucho vincular a los mejores profesores y desprestigiar a la educación pública, para venir a hacer ahora concesiones.

 

En colombia la regla de experiencia nos enseña que es muy sospechoso cuando el Gobierno comienza a conjugar el verbo “desprestigiar” pues seguramente tiene por propósito, liquidar un instituto o una entidad. Ocurre que en nuestro país, cada vez que se quiere hacer una Reforma o hacernos creer que un instituto no hace bien las cosas, se inicia con una dura campaña de desprestigio...

 

Pero, volviendo con los costos de la educación, en ese contexto desesperanzador y en ese afán de dar lo mejor a nuestros hijos, hoy por hoy, un padre “empeña su alma” procurando educar a los suyos con calidad. El 60% de los ingresos de la familia del colombiano promedio se invierten en educación. Por eso entendemos que cuando un padre de familia dice que está “alcanzado” es porque paga un colegio bilingüe o una universidad privada.

 

Incluso, un sindicalista me lo dijo el otro día con una contundencia infinita: “El obrero que no haya comprado una casa antes que un hijo entre a la universidad, ya no la compra”. Es un ejercicio en el que “la caja no cuadra” porque no se termina de completar la matrícula del primer semestre cuando no tienes idea de dónde saldrá la plata del segundo.

 

Los costos de la educación que nos ha impuesto este perverso modelo que intenta asfixiar y desprestigiar a la educación pública, son directamente proporcionales a la baja calidad de vida del colombiano.

 

En Europa, ricos y pobres van a la misma escuela pública pero nuestros gobernantes que copian todos los modelos del viejo continente, se resisten a copiar o volver a los años 60 y 70 en materia de inversión en educación, por temor a perder su zona de confort social y la de sus hijos.

 

Esa mala práctica política de bajar el presupuesto a la educación, es un modelo maquiavélico que se repite en materia de Salud y de Justicia. Por eso, saludo con alegría los anuncios de una movilización universitaria que por estos días reacciona contra la falta de presupuesto en las universidades públicas pues soy orgullosamente egresado de un colegio y una universidad pública.

 

Es evidente que están cambiando los tiempos y que los gobernantes están obligados a hacer una lectura correcta del momento social que se vive pues no hay que ser tan bien “educado” para saber que es una urgencia adaptarse a los cambios en términos de resiliencia sino se quiere ser superado por una voluntad popular interesada en un país más equitativo e incluyente

 

 

 

 

            

 

                          

                         

 

 

 

Portal: El Grifo Noticias - Director: Juan Carlos Ceron
Cartagena de Indias - Colombia