Por Fredy Machado

Abogado, escritor

 

Ser un abogado crítico es bueno, lo malo es ser un abogado criticón.

 

Un abogado crítico es aquel que tiene la suficiencia y la entereza de no impugnar un fallo judicial por el simple prurito de hacerlo, porque sí, por complacer al cliente.

 

Un abogado criticón, en cambio, en las mismas circunstancias, en vez de impugnar,  acude a los pasillos y nos asalta para hablar mal del funcionario que osó no concederle la razón o que tiene un punto de vista diferente al suyo.

 

Un abogado criticón es aquel que para crear divisiones o “ganar espacio” viene a hablarnos mal de nuestros compañeros de trabajo hoy, con la misma contundencia con la que mañana hablará mal de nosotros. NO LO ESCUCHES: es la única manera de desarmarlo.

 

Un abogado criticón es aquel que tiene un punto de vista muy elemental y cerrado del derecho. Dice despreciar los recursos y se considera amigo de las denuncias. Es más: no cree en las especializaciones.

 

Un abogado criticón llega a los procesos buscando un pretexto para dar rienda suelta a su morbo, a su voraz apetito de desayunar, almorzar o cenarse al funcionario judicial de turno.

 

Un abogado crítico, en cambio, da gusto leerlo, atender la profundidad de sus planteamientos y la excelente manera de ordenar sus ideas. Su estilo, técnica y sindéresis son de elogiar y en especial su tolerancia cuando las decisiones le son adversas.

 

En definitiva, es tanto mi admiración y respeto por los abogados litigantes críticos de los que me honra hablarles, que se me ocurre -y así lo he considerado- que el día, próximo o lejano, en que deje de ser funcionario judicial, en lo posible, trataré de parecerme a ellos pues la idea triste de verme convertido en un abogado criticón, me repugna y me hace infeliz.

 

 

 

 

 

 

 

Portal: El Grifo Noticias - Director: Juan Carlos Ceron
Cartagena de Indias - Colombia