Opinión

Por: Fredy Machado

 

Han sido tantos los intentos fallidos por querer Reforma a la Justicia, incluso con nombres tan grandilocuentes y rimbombantes como “equilibrio de poderes”, que hoy no puede pasar desapercibido el proyecto de Reforma del Presidente Duque.

 

Evidentemente, y debo aceptar esa verdad, es innegable que la Justicia está en crisis, urge y se hace necesaria una Reforma y existe tanta expectativa en los ciudadanos y en los servidores judiciales de Colombia en que, por fin, se materialice un nuevo orden.

 

Desde luego que a pesar de ese contexto desesperanzador en que está sumida la Justicia, una propuesta de Reforma no puede tener origen únicamente en el liderazgo del Gobernante pues para su legitimidad requiere de un consenso general.

 

En todo caso, es importante declarar que, cualquier intento por promocionar un nuevo modelo de Justicia, deberá tener como columna vertebral “un mayor presupuesto”, autónomo y con rango constitucional.

 

En efecto, si un proyecto de esa connotación no tiene esa condición bien definida, no es una Reforma, a lo suma será un “maquillaje”.

 

Es que de los tres poderes que estructuran el Estado, dos de ellos -Ejecutivo y Legislativo-, siempre han mantenido cierta desconfianza en dar paso a la posibilidad de una Justicia fuerte, consolidada y capaz de autogobernarse.

 

Y es que, hoy por hoy, el Gobierno aprueba y gira recursos limitados a la Justicia y en el transcurso del año, tiene la desfachatez de no hacer los traslados oportunos que son los que generan la no ejecución del presupuesto.

 

Luego, los economistas de Hacienda, van orondos a los debates de la Reforma a la Justicia en el Congreso, a cuestionar abiertamente la displicencia en el manejo de los recursos del sector.

 

Es una entrega de recursos a cuentagotas, parsimoniosa y ese ejercicio permite manipular y poner condiciones a la Justicia y termina impactando en la prestación del servicio.

 

Eso lo sabe la actual Ministra de Justicia.

 

La doctora Borrero Restrepo estuvo por muchos años al frente de la Corporación Excelencia en la Justicia pero ahora desde el Gobierno, por conveniencias, le hace una concesión a Duque cuando anuncia que los tiempos son supremamente difíciles como para imaginar cualquier incremento en el presupuesto de la Justicia.

 

Pero, volvemos al postulado inicial, una reforma a la Justicia que no autorice una mayor planta de personal, una infraestructura moderna y el uso de las tecnologías, no es una Reforma, a lo sumo es un “retoque” a la Justicia.

 

Desde luego, esa situación no es la más alarmante para los dolientes del tema que aquí se analiza porque nos asombra que cuando se habla de Reformar a la Justicia, automática y audazmente, se nos endosa la posibilidad de entrar a modificar a la Tutela.

 

Me pregunto: quién dijo que la Tutela debe reformarse si es la “Joya de la Corona” del servicio que presta la Judicatura.

 

En este caso, no se advierte la voluntad del Gobierno en la búsqueda de remedios o soluciones a lo que tiene que ver con la causa o el origen de la congestión en materia de tutelas. Es lógico que si esa preocupación primara, la Reforma se encargaría de mejorar los controles en los Ministerios y Superintendencias para que las autoridades responsables de la vigilancia del actuar de las entidades públicas y de las empresas prestadoras de servicios, cumplieran con sus deber y, al tiempo, se les sancionara como se hace con frecuencia en sede de Tutela (incidente de desacato) a los que burlan los derechos fundamentales de los ciudadanos colombianos

 

Es una forma de liberar al Juez para que no ocupe su tiempo en discusiones que competen a otras entidades administrativas y puedan entonces dedicarse a los procesos de su competencia, solucionando los conflictos pendientes.

 

Un ciudadano convencido del potencial de la acción de tutela siempre encontrará eco en su Juez Constitucional en todos aquellos casos que ameritan su intervención ya que la misión de los togados consiste en garantizar los Derechos Fundamentales y reafirmar el Estado Social de Derecho como una realidad y no como un formalismo o ciencia ficción.

 

Es pertinente cerrar esta reflexión volviendo la mirada a la arquitectura del Gobierno Judicial... La realidad nos ha demostrado que el Consejo Superior de la Judicatura ha fracasado en la gerencia de la Justicia. Pero su fracaso no es consecuencia directa de su estructura sino de las personas que lo representan pues sus “Acuerdos” terminan generando “desacuerdos” por tantas improvisaciones y equívocos.

 

No es exageración: Jueces sin sala de audiencias; servidores sin equipos ni elementos de oficina; incapacidad para resolver situaciones extraordinarias como la tragedia del ascensor de Cali; cultura del arriendo para favorecer a propietarios de edificaciones; el desmejoramiento del Juzgado como célula básica de la administración de justicia para dar prioridad a grandes y hacinados centros de servicios; dar la espalda a la promoción y ascenso de los empleados con más habilidades y competencias priorizando los nombramiento a dedo; tomar la descongestión como una bolsa de empleos y no como una herramienta útil para crear una cultura de la eficiencia; grandes costos en la adquisición de equipos de oficinas, entre otras políticas equivocadas.

 

Lo que se anhela es que el origen de la propuesta nazca verdaderamente desde la misma Justicia (servidores, litigantes y usuarios) y una vez concluida esta primera etapa, debe enviarse a los representantes del Gobierno y a los académicos, para que con ese valioso insumo entonces sí se salga a decir a la opinion pública que la Reforma es fruto del consenso.

 

Es cierto, no es una construcción de un día, pero esa Reforma caminaría segura, con paso fuerte, en la dirección correcta y no se corre el riesgo de volver a defraudar al país judicial y a la opinion pública, por correr a impulsar una carreta vacía y con mucho ruido.

Insistimos en que la apuesta debe ser la construcción colectiva.

 

Por último: es bueno que alguien le diga a la Ministra que no puede seguir insistiendo en que va a Reformar a la Justicia a punta de austeridad (sin un peso) y menos este año en que la DIAN nos ha metido la mano en los bolsillos a todos los servidores judiciales sin excepción, hasta el punto que no se salvó ni el Notificador.

 

 

 

 

 

 

 

Portal: El Grifo Noticias - Director: Juan Carlos Ceron
Cartagena de Indias - Colombia