En Macondo todo puede pasar.

 

Fábula:

La historia de desarrolla en una finca, que albergaba una gran cantidad de animales. Estaban los de clase alta, que por su pelaje y elegancia, tenían toda clase de privilegios y gozaban de una maravillosa vida; la clase media, trabajadora, que se encargaba del funcionamiento y progreso de la finca; y la clase baja, los animales más explotados, vivían en pésimas condiciones y no tenían que comer.

 

A esa finca llegó -no se sabe de qué manera- un personaje muy particular. Se trataba de un burrito, bajito, gordito, que tenía poca visión, no escuchaba bien, pero con algo de olfato.

 

Al principio, Personero -así lo bautizaron- se veía brioso, diligente, no permitía que atropellara, abusaran y mucho menos maltrataran a los animales de clase baja. Les mostraba los dientes a los abusadores y no permitía ninguna violación de los derechos de los animales menos favorecidos.

 

Por su puesto, los dueños de la hacienda estaban felices con Personero.

 

Pero un día cualquiera, Personero se aburrió, no hacía nada en la finca, pasaba comiendo, durmiendo y solo se pavoneaba, cuando los dueños del predio o de otras haciendas más grandes llegaban de visita. Caminaba orondo, se mostraba a como diera lugar, para que pensaran que era muy diligente.

 

Sin embargo, los abusos entre los animales continuaban. Algunos, maltrataban a los menos favorecidos, les quitaban la poca comida que tenían y Personero no hacía nada por defenderlos.

 

La cosa se puso tan difícil, que los dueños de la finca, comenzaron a preguntarse ¿Alguien sabe cómo llegó Personero?

 

Los abusos seguían y seguían y Personero, comiendo, durmiendo y engordando.

 

Era tan evidente el maltrato, que un día llegaron los dueños de la finca y al ver que el personajillo estaba durmiendo le gritaron ¡No joda Personero, Rebuzne!

              

 

 

 

                 

 

 

 

 

 

 

 

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